martes, 3 de marzo de 2009

Escritos

PACIENCIA EN LA CIUDAD


Todos los días, esta población urbana se encuentra en una rutina constante, persiguiendo algo inalcanzable, con deseos de $poder, con deseos de mas, un transcurrir de los días, donde el mundo pasa por encima de estos sujetos, mientras el tiempo carcome poco a poco su piel, desde el comienzo ¡ya se podían ver sin esperanza y envejecida felicidad!

Que feo es sentirse vació, sin poder nisiquiera encontrarse a ellos mismos; “mismo bus, misma parada” diariamente durante el resto de su vida, sin poder tener control, sin poder amarse, contemplarse y respetarse; ¡querida metrópolis que despreciada su consecuencia!; los mas viejos perdieron la esperanza, ahora muchos de ellos quieren sentirse algo para este mundo, evadiendo la inutileza que el entorno les provoca; ciudad de los “avanzados”, calles de pobres, sin cabeza, sin corazón; montañas de ricos sin plata, invisibles “ojos que no ven corazón que no siente”, un corazón ciego y deforestado.

Pretendiendo surgir desde el asfalto, para dar “frutos” a esta sociedad de individuos o mejor dicho individualistas: en el cemento los “frutos” no dan vida, ni nacen.


Pilar Arias





ARRULLO DE LOS AUTOS


sólo la oscuridad y el silencio el crujido inacabable de los autos navegando en el asfalto la oscuridad el bosque silencioso que soy bañado de concreto
no conozco la respuesta no la hallo desconozco la pregunta entre muros y cemento escondido en el silencio escondido en la oscura soledad de una noche inacabable la ciudad se ha posado en mi lomo y me encuentro adormilado y me busco adormilado y los viejos seres de los bosques acoderados en el puerto no murmuran
tengo ganas de rasgar las paredes y me escondo como un niño temeroso pompa de silencio de fúnebres cantos nuncios del momento este momento con el lápiz en la mano aherrojado en la urbe atado a los postes amarrado y concluyo siempre concluyo disfrazado pacífico ciudadano de un rincón mundano

Busco entre mis dedos una profética avenida ¿en qué momento brotaron estos muros que me agrupan en las listas de las calles como líneas en el rostro de un anciano maloliente anclado en una esquina recordando el silencio de los bosques y las flores entreabiertas? la ciudad me ha decorado yazgo de gris recubierto de cemento bajo el peso de deshechos en los techos de las casas cae de mí una nube son las lágrimas hirvientes es la baba que espumea diría que estoy loco no sé cómo he llegado hasta aquí.

Por Alfredo Elejalde

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